Resaca de FreudQuiero que se vaya la angustia. O por lo menos encontrarle una utilidad. Un sentido. Supongo que nada en nuestro organismo es al pedo.

Digamos: la sensación de miedo es para alejarnos de los peligros; la culpa es para que la humanidad no se dedique solamente a coger y haga cosas, como por ejemplo puentes, sinfonías, blogs o teorías sobre el estado; la inseguridad y la baja autoestima te hacen aprender más rápido, absorbiendo más de los otros que de nosotros mismos.

Todavía no sé para qué sirve la angustia. Sería fácil decir que es para que nos demos cuenta de que estamos haciendo algo mal, pero no. El instinto no entiende de boludeces morales o valorativas. Jean Paul Sartre, uniformado

Psicológicamente se puede decir que la angustia es algo reprimido que no sale, pero que anda por ahí. Perfecto, supongamos, pero por qué esa sensación ¿Qué función tiene? ¿Por qué el mono que empezó a sentir angustia fue más apto para sobrevivir que el que no?

Sartre (extrasimplificado por mí) dice que la angustia es una sensación de nuestros tiempos. Como ya no hay dios absoluto y garante del equilibrio del mundo, el hombre es libre y esa libertad genera angustia. Esto no me cierra del todo, pero pongámoslo como punto de partida. El hombre recurriría a dios para dejar la angustia como si fuera una droga colectiva. Pero toda droga, química o no, tiene una resaca o un bajón. La fama tiene resaca, deduzco. Que todo el mundo te mire y te chupe las medias debe generar algo fisicoquímico en tu cuerpo. Cuando no te conozca ni el chino del supermercado de enfrente algo se debe sentir desbalanceado. El dinero, el ser el mejor, una serie de televisión, el amor, las promesas. Toda sensación hermosa se extraña. Todo lo que se extraña se necesita. Si se necesita es adicción.

Mono con angustia

Eso le cuestiono a Sartre. Hasta la persona con más fe debería sentir resaca de dios en algún momento.

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Pensar es mi tormento

mayo 26, 2008

Cuando la gente realmente disfruta lo que hace, es hermosa. Cuando alguien se olvida del tiempo y del espacio, de la gente alrededor, de sus problemas y limitaciones, de sus prejuicios, de sus miedos y sus culpas; cuando una persona deja de lado todo eso se produce ese fenómeno inexplicable que es la felicidad. Y la felicidad es belleza.

Y hay una sola forma de llegar a ese punto tal, en el que nada importa más que uno mismo: la fe ciega.

Uno no puede ser feliz si no está convencido. Por eso a lo largo de la historia el ser humano inventó o descubrió cosas como las religiones, las drogas, el sexo, el fútbol, la política, las guerras, cruzar océanos, bailar, trabajar. Todas son adicciones si se encuentran con la persona adecuada.

La palabra adicción suele ser mal vinculada a las drogas. Etimológicamente quiere decir “no dicción”, o sea que no se puede hablar de eso, que no se puede explicar. Sea narcótica o no, una adicción es un fanatismo que no se puede dejar de hacer, pero tampoco se puede explicar porqué se sigue haciendo.

Lo único que hace el ser humano, solucionado el detalle de la supervivencia, es inventarse adicciones para no tener que enfrentarse con la pregunta fatal: ¿qué carajo hago en el mundo?

Entonces, la cuestión es:
¿Hay que buscar adicciones o hay que enfrentarse a las dudas?

(Aclaración: la frase del título está sacada de “Una semana de mierda” del señor Zambayonny)

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Hay estructuras. Es inevitable. Lo primero que hacemos ante un problema es solucionarlo. La segunda vez, pensar en cómo lo solucionamos antes. Y así. Como para la quinta vez ya hay una estructura más o menos estable. Sobre todo si es efectiva (aunque no es obligatorio).

Ejemplo:

Un bebé es separado de la madre por primera vez en su vida. Obviamente llora. Alguien acude a él (preferentemente la madre) y deja de llorar.

El mismo chico pero, digamos, de 5 años se pierde en la playa. La desesperación es tan grande que rompe en llanto. La gente aplaude y final feliz.

Las vacaciones fueron caóticas y el chico se pierde en una peatonal. El chico llora. Es de noche y quizás tiene hambre. Empieza un murmullo que llega a los oídos de los padres. Nuevo final feliz.

Poniendo en riesgo la tenencia ante la justicia, el chico se vuelve a perder. En un parque, capaz. El chico ya no necesita llorar. Sabe que lo van a encontrar. O cree saberlo. Sin embargo, el silencio no siempre es eficaz y el chico llora para que lo escuchen.

Esta serie de hechos se repetirán en menor y mayor escala a lo largo de toda su vida. En algún momento su mujer lo va a dejar y no va a poder hacer otra cosa que llorar. Lo sienta o no. Es lo que le sale. Es lo que aprendió a hacer ante la soledad.

El chico (que ya es un hombre, en apariencia) llora un poco por la mujer perdida pero más por evocar ese momento de soledad primigenia. El hombre se siente mal y tiene necesidad de compañía. Se encuentra con cualquier mujer. Cogen y tienen hijos. No importan mucho los detalles. La especie se reproduce y en definitiva, el chico sigue extrañando a su madre.

El ejemplo es burdo porque sino nadie lo leería. Y si se le pone imaginación también es claro y efectivo.

El punto realmente importante es:
¿Hay que sacarse las estructuras de encima?

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En algún momento de la evolución había un guachito llamado Homo Sapiens. Eran tiempos de hielo, creo. Ese hombrecito tuvo hijos que, caminando, se distribuyeron por todo el globo. El hielo se hizo mar y todos los hijos de Adán quedaron separados.

 

En África, el clima árido y las bestias salvajes obligaron a los hombres a soportar condiciones físicas extremas. En Centroamérica, los aborígenes se desarrollaron sin grandes problemas. Las frutas y las drogas salían de los árboles. El calor evitó el desarrollo de ropas y alteró las hormonas, como suele hacer. Así, en vez de desarrollarse físicamente, se volvieron sensibles, dedicados a los placeres del paladar y del cuerpo. En Europa, los hombres se encontraron con otros hombres y recurrieron al principal motor animal: el miedo. Así, conocieron y desarrollaron el arte de la guerra como nadie más.

Simplifico mucho. Alguien debe haber profundizado más al respecto. Yo empezaría buscando entre antropólogos, científicos o filósofos nazis y fascistas. Pero creer que apoyar la teoría de que hay distintas razas (o etnias, que es la palabra políticamente correcta) es nazi es una simplificación muy burda.

De hecho, es más discriminatorio decir que somos todos iguales. Como si los negros sólo pudieran ser considerados humanos si demuestran que pueden hacer las mismas cosas que los rubios.

En mi cabeza, el razonamiento es lógico. Ahora:
¿Tanto miedo se le tiene al concepto de razas que se lo niega y tilda de primitivo? ¿O soy un fascista que no se dio cuenta del todo de su ideología?

 

 

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