María, José y la divina concepción.

No importa demasiado saber si María y José eran felices. Lo significativo es que eran tal para cual: ella estaba loca y él era un dominado.

Ya en la adolescencia, María había sentido cosquilleos en su cuerpo pero su culposa y férrea formación judía produjo que se hiciera la boluda todo el tiempo.

Sin embargo, María era muy linda y decenas de hombres la halagaban, con fundamentos y caricias de prepo. Entonces, cuando empezó a ver que las ganas de coger eran muchas, se buscó como marido al más pajero que conocía. Así llega José a esta historia.

Amparada en su matrimonio, María se saca de encima a sus pretendientes y cree sepultar sus deseos. Para controlar el tibio líbido de José, sólo le alcanzó con hablar de dios y de la pureza virginal . Capaz que alguna vez le toco un poco el pito, le dijo que se sentía sucia y que estaba esperando el momento oportuno. Tal vez ni siquiera eso.

Todo iba bien. José sublimaba su energía productivamente en su taller y María se seguía haciendo la boluda, a costa ya de una psicosis feroz. Se sentía más cerca de dios cuando decía que no y veía confirmaciones divinas en cada estrella.

Pero un día cayó Jesús. José se había ido a un pueblo cercano a comprar unas maderas que no se podían creer la calidad que tenían justo cuando éste viajante lejano llegó, sediento y casi muerto, a Belén. María era buena, en términos del antiguo testamento. Dejar morir a alguien no era bueno para su imagen con dios. Encima por esos días sus ganas de coger eran tantas que hasta dejó que José le toque las tetas por debajo de la ropa y se sentía un poco en deuda con el barbeta.

No es muy difícil saber cómo termino esto. María lo bañó, lo alimentó, lo cuidó y Jesús no era ningún pajero. Se la garchó bien garchada y se fue antes de que llegue José.

María reprimió todo. Jesús nunca existió y atribuyó esa sensación incómoda entre sus piernas a que le faltaba rezar más. Para esta altura, los patitos de María ya estaban en cualquiera.

María descubre que está embarazada. José le hace un planteo. Ella le dice, en estricto arameo, algo así como no puedo creer que pienses que soy una puta, vos, mi propio marido. La necesidad urgente de ambos de encontrarle una justificación a lo que sucedía para sostener esa cómoda mentira que era su matrimonio derivó en la teoría de la divina concepción.

El bebito nace. Ironías de la vida, el niño no se llama ni José ni dios, sino como su verdadero padre. María ya está de la nuca y no para de decirle a su hijo que su papá es dios y él es el mesías que viene a salvar al mundo.

Jesús, obviamente, tampoco queda tan sanito. Le cree a su madre (que evidentemente sabía hacerse creer) y se convierte en el mesías. Además de la psicosis, hereda de María su don de convencer y su belleza carismática.

El resto es conocido. Todas las tribus del mundo necesitaron líderes. Jesús era el líder perfecto, sobre todo porque lo mataron joven.

Miles de años y millones de creyentes pasaron y el mito sigue tan efectivo como siempre. Todavía hoy hay gente que le sigue creyendo a una mujer tan fabulosa y manipuladora que logró mantener su virginidad por dos mil años.

Culo veo Culo quiero

junio 5, 2008

Bambino como un niñoLas mujeres dirigen la evolución. Las hembras en realidad. Eligen quién va a ser el padre de sus hijos y, por tanto, qué gen es más apto para sobrevivir.

Los métodos son muchos. Pueden elegir las plumas más lindas, los cuernos más largos, al más fuerte, al mejor cazador. No importa el sistema de elección, lo importante es que el macho sólo evoluciona para coger y la hembra decide cuál de esas evoluciones le gusta más.

Hoy, entre morales y anticonceptivos, eso se pierde un poco, pero no del todo. A lo sumo se termina casando y teniendo hijos con un boludo porque el que se la garchaba como nadie la dejó por una más joven, pero de no haber tomado pastillas le hubiera dado hijos a él.

También está el tema de la identificación con el otro. Los padresTrencito proyectan en sus hijos (frustraciones, complejos, expectativas, etcétera) Proceso similar se da, a veces, cuando una persona decide coger con alguien. Las mujeres suelen enamorarse de hombres a los que admiran e incluso imitan.

Un caso un poco más perverso y claro es el de los pedófilos. Yo creo que comerse un pibito no es más que un deseo de ser un pibito, de repetir esos primeros contactos inocentes con la sexualidad. Pero, como pasa con toda persona que se quedó en la niñez, la imagen que proyecta a los 40 va desde lo chistoso a lo desagradable.Federer y novia fea

¿O porqué mierda los tipos que están en una crisis de la edad se agarran pendejas que, en definitiva, quieren dejar de ser pendejas y se cogen viejos chotos?

Otro mambo loco es de los tipos que se cogen a las novias de los amigos. Siguiendo esta lógica, en realidad lo que quieren es ser la novia de su amigo. Es decir que quiere que se lo coja su amigo, es decir que quiere ser como su amigo.

Lennon y novia fea

Yo me cogería a la novia de Calamaro, además de porque está rebuena, para poder decir que me cogí a la

novia de Calamaro. Por otro lado, si una mina se cogió un tipo desagradable, baja como 30 puntos.

En este sentido, las mujeres se saben más lindas y deseadas al lado de un hombre, digamos, mejor que los demás.

Y es así como, queriendo ser más lindas, las mujeres manejan la evolución.

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Hay estructuras. Es inevitable. Lo primero que hacemos ante un problema es solucionarlo. La segunda vez, pensar en cómo lo solucionamos antes. Y así. Como para la quinta vez ya hay una estructura más o menos estable. Sobre todo si es efectiva (aunque no es obligatorio).

Ejemplo:

Un bebé es separado de la madre por primera vez en su vida. Obviamente llora. Alguien acude a él (preferentemente la madre) y deja de llorar.

El mismo chico pero, digamos, de 5 años se pierde en la playa. La desesperación es tan grande que rompe en llanto. La gente aplaude y final feliz.

Las vacaciones fueron caóticas y el chico se pierde en una peatonal. El chico llora. Es de noche y quizás tiene hambre. Empieza un murmullo que llega a los oídos de los padres. Nuevo final feliz.

Poniendo en riesgo la tenencia ante la justicia, el chico se vuelve a perder. En un parque, capaz. El chico ya no necesita llorar. Sabe que lo van a encontrar. O cree saberlo. Sin embargo, el silencio no siempre es eficaz y el chico llora para que lo escuchen.

Esta serie de hechos se repetirán en menor y mayor escala a lo largo de toda su vida. En algún momento su mujer lo va a dejar y no va a poder hacer otra cosa que llorar. Lo sienta o no. Es lo que le sale. Es lo que aprendió a hacer ante la soledad.

El chico (que ya es un hombre, en apariencia) llora un poco por la mujer perdida pero más por evocar ese momento de soledad primigenia. El hombre se siente mal y tiene necesidad de compañía. Se encuentra con cualquier mujer. Cogen y tienen hijos. No importan mucho los detalles. La especie se reproduce y en definitiva, el chico sigue extrañando a su madre.

El ejemplo es burdo porque sino nadie lo leería. Y si se le pone imaginación también es claro y efectivo.

El punto realmente importante es:
¿Hay que sacarse las estructuras de encima?

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