Maradona campeónArgentina empató con Brasil allá. Está bien pero no ganamos. Soy argentino y quiero que ganen siempre y de los últimos 6 puntos sacaron 2. Jugamos mejor que Brasil y que Ecuador pero no le ganamos a ninguno. Otra vez hay que decir que somos unos amargos.

Para mi todo esto tiene una explicación muy racional pero insolucionable: el post Maradona.

El argentino es adicto a Maradona. Mi primer recuerdo es el festejo de la final del 86. Tenía 3 años. El paso del tiempo y mi mente infantil seguramente agregaron cosas, pero recuerdo ir en un citroen 3cv con miMaradona fumando familia y un amigo de mi viejo que tenía cara de citroen 3cv y tocaba el bandoneón en medio de un griterío general. Más allá de los detalles, lo que me marcó a fuego es esa alegría inmensa que todos sintieron y yo sentí ,  por osmosis.

A eso soy adicto (como todos los argentinos) A esa sensación de ser el mejor del mundo. Y tú papá también. Y tú amigo también. Y tú vecino también. Y el carnicero también. Y el colectivero también. Todos fuimos los mejores del mundo.

Y después, en el 90, Maradona nos mostró que con él se podía otra vez. Y en el 94 éramos dioses y nos fuimos, con Maradona, de la mano de una enfermera. Y ahí nos hicimos adictos.Maradona duro

Es un fenómeno lógico que ya he explicado. Está la cuestión del no querer parar, pero también esta el bajón. A nadie le gusta perder eso que te dio más satisfacciones que nada.

Piensen en la cantidad de gente que se dijo que era “el nuevo Maradona” desde el 94. Ortega, Aimar, Riquelme, Gallardo, Agüero, Saviola, Messi, Tévez y sigue la lista. Bastaba que seas pobre, o juegues en Boca, o te compre el Barcelona, o uses la 10, o que seas petisito y habilidoso para que a todo el mundo le pique la nariz.

Otro dato curioso es que la figura de Maradona está repartida en varios jugadores. Riquelme es el 10 y el conductor, Messi es el lado genial y explosivo, Zanetti es el capitán, más Tévez, Agüero y algún otro. Todos están dispuestos a ser Maradona pero nadie quiere ser Olarticoechea o Batista.

Diego definiendo

No hay un líder, pero el argentino no sabe vivir sin líderes (somos un poco fascistas) y por eso le ganamos al poderosísimo seleccionado de Cataluña o a la incipiente y complicada Venezuela pero nos vamos en primera ronda del mundial o perdemos finales con equipos brasileros venidos a menos.
Duro y sacado

También somos medio histéricas. Sabemos que tuvimos al mejor jugador y que nuestra selección es mejor, en individualidades, que cualquiera. Entonces nos chupa un huevo ganar. Somos la rubia que sabe que todos están calientes con ella pero no coge con ninguno porque no tiene que demostrar nada, con la diferencia de que, por lo menos a mí, me gusta coger y no puedo.

Ahora estamos viviendo una especie de resaca. Brasil con Pelé ganó todo hasta el 70. Tuvo que esperar 24 años para volver a ser campeón. Si hicimos tan bien las tareas en la granjita como los brazucas el próximo mundial sería nuestro, aunque lejos estoy de querer vaticinar algo.
Diego tevez messi

Otra cosa que me rompe mucho las bolas (pero ya es mi culpa no de los pechofríos estos) es que siempre que demuestran su amargura los mando a la mierda y me prometo no volver nunca más a mirar un puto partido. Obviamente, como con los vicios y las mujeres, al siguiente torneo estoy ahí, sufriendo como un jeropa que sueña con el polvo perfecto.

Por suerte, en términos futbolísticos, existe el polvo perfecto. ElMaradona contra todos mundial del 2014 es en Brasil. No sólo es cerca e ir no es tan descabellado, sino que no puedo imaginar felicidad más perfecta, que me remonte más a mi niñez más pura que ganarle la final a los brasileros en el Maracaná. Creo que no podría parar de sonreír en tres meses.

No sé qué hacer con Maradona. Si matarlo, ponerlo de técnico, invertir todo el dinero de la nación para clonarlo o ponerlo algún partido para que papeloneé un toque.

Creo, igual, que sólo se puede esperar.

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Pensar es mi tormento

mayo 26, 2008

Cuando la gente realmente disfruta lo que hace, es hermosa. Cuando alguien se olvida del tiempo y del espacio, de la gente alrededor, de sus problemas y limitaciones, de sus prejuicios, de sus miedos y sus culpas; cuando una persona deja de lado todo eso se produce ese fenómeno inexplicable que es la felicidad. Y la felicidad es belleza.

Y hay una sola forma de llegar a ese punto tal, en el que nada importa más que uno mismo: la fe ciega.

Uno no puede ser feliz si no está convencido. Por eso a lo largo de la historia el ser humano inventó o descubrió cosas como las religiones, las drogas, el sexo, el fútbol, la política, las guerras, cruzar océanos, bailar, trabajar. Todas son adicciones si se encuentran con la persona adecuada.

La palabra adicción suele ser mal vinculada a las drogas. Etimológicamente quiere decir “no dicción”, o sea que no se puede hablar de eso, que no se puede explicar. Sea narcótica o no, una adicción es un fanatismo que no se puede dejar de hacer, pero tampoco se puede explicar porqué se sigue haciendo.

Lo único que hace el ser humano, solucionado el detalle de la supervivencia, es inventarse adicciones para no tener que enfrentarse con la pregunta fatal: ¿qué carajo hago en el mundo?

Entonces, la cuestión es:
¿Hay que buscar adicciones o hay que enfrentarse a las dudas?

(Aclaración: la frase del título está sacada de “Una semana de mierda” del señor Zambayonny)

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