El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Como Bart con el panecillo eléctrico, vamos una y otra vez contra la descarga.

Bart vs Hamster

Nos enamoramos de la misma persona aunque ya nos haya rechazado varias veces, caemos en los vicios aunque hayamos jurado no hacerlo nunca más (por lo menos esa semana) o empezamos proyectos que tienen los mismo defectos que los anteriores. Más allá del caso particular, no podemos evitar hacer ciertas cosas.

Supongo igual que ese el paso evolutivo que nos distingue de las demás especies. Un hamster siente dolor y nunca más vuelve a intentarlo. Un hombre siente dolor pero igual busca desesperado la forma de llegar a lo que quiere, en lo posible sin sufrir o sacando provecho del dolor.

Un ejemplo hipotético pero que debe haber pasado en algún momento de la prehistoria (el hombre descubre esto en el 15.000 AC, concretamente):

Tronco balsa

Un homo sapiens ve a una mujer desnuda al otro lado del río. Intenta cruzarlo, se hunde y la corriente lo arrastra. Como puede llega a la costa y vuelve a intentarlo con el mismo resultado. Así varias veces. En uno de sus fracasos se aferra a un tronco y descubre que flota. Otras pruebas que serían interminables de explicar le hacen descubrir el remo y alguna pelotudez más.

Nuevamente lo intenta con los descubrimientos de su tozudez y logra, por fin, estar con la chica, si es que esta no le presenta más dificultades en la conquista que el mismo río (y que no puedan ser solucionadas de un garrotazo o algo así)

También hay un factor que hace que este homo sapiens no se muera tratando de cruzar el río sin bote: la represión. Si no reprimiera esa ansia irrefrenable el tiempo suficiente como para atar los cabos necesarios como para entender que el tronco flota, seguiría haciendo la misma gilada eternamente.

Orgullo

Alguien (según me dijo un amigo que estaba haciendo el CBC en la UBA) ya dijo esto hace unos años. No tengo idea quién, pero es para darle cierta validez incierta a mi teoría.

Apuesto, entonces, a que, en algún momento un homo (seguramente todavía no sapiens) desarrolló el orgullo, la ambición o la palabra que sea para justificar los numerosos intentos fallidos. Evolucionó y superó a sus rivales de la época.

Miles de años más tarde, otro homo desarrollo la represión y sus hijos dominaron el mundo. Sin ningún tipo de amparo científico, arriesgo que, una de las principales diferencias evolutivas del sapiens respecto del homo erectus fue su capacidad de reprimir.

La insistencia y la represión le permiten al hombre descubrir mundos y tecnologías. Pese a las conclusiones de Lisa, Bart podría superar al hámster cuando se avive de cortar la electricidad, cuando reprima 5 segundos su gula.

Dicen que errar es humano. Insistir también.

Manem Duhalde

(Hay insistencias que no sirven para nada)

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Pensar es mi tormento

mayo 26, 2008

Cuando la gente realmente disfruta lo que hace, es hermosa. Cuando alguien se olvida del tiempo y del espacio, de la gente alrededor, de sus problemas y limitaciones, de sus prejuicios, de sus miedos y sus culpas; cuando una persona deja de lado todo eso se produce ese fenómeno inexplicable que es la felicidad. Y la felicidad es belleza.

Y hay una sola forma de llegar a ese punto tal, en el que nada importa más que uno mismo: la fe ciega.

Uno no puede ser feliz si no está convencido. Por eso a lo largo de la historia el ser humano inventó o descubrió cosas como las religiones, las drogas, el sexo, el fútbol, la política, las guerras, cruzar océanos, bailar, trabajar. Todas son adicciones si se encuentran con la persona adecuada.

La palabra adicción suele ser mal vinculada a las drogas. Etimológicamente quiere decir “no dicción”, o sea que no se puede hablar de eso, que no se puede explicar. Sea narcótica o no, una adicción es un fanatismo que no se puede dejar de hacer, pero tampoco se puede explicar porqué se sigue haciendo.

Lo único que hace el ser humano, solucionado el detalle de la supervivencia, es inventarse adicciones para no tener que enfrentarse con la pregunta fatal: ¿qué carajo hago en el mundo?

Entonces, la cuestión es:
¿Hay que buscar adicciones o hay que enfrentarse a las dudas?

(Aclaración: la frase del título está sacada de “Una semana de mierda” del señor Zambayonny)

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